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Zapatero aparca su talante autosuficiente ante la dificultad para conseguir apoyos. PNV y PSOE se han reunido para tratar los presupuestos generales del Estado. El nerviosismo de los diputados socialistas el pasado martes era evidente. Incluso los ministros aludidos telefonearon a varios grupos parlamentarios pidiendo sopitas. En los pasillos del Congreso se comenta y mucho que el Gobierno de Zapatero está muy nervioso por la densa niebla que cubre el horizonte de la legislatura. El PSOE salvó por los pelos la solicitud de comparecencia del presidente en el Congreso a cuenta de la financiación, el primer bache serio del camino. Pero los problemas y los agobios seguirán aterrizando encima de la mesa de Zapatero. La falta de apoyos estables, o inestables, complica mucho la gobernabilidad de un país. Y aún más cuando ese país está inmerso en una crisis económica cuya magnitud aún no se termina de conocer. Y más todavía cuando las medidas para hacer frente a esa crisis dependen de unos Presupuestos Generales del Estado cuya aprobación, a día de hoy, es dudosa. El Gobierno socialista ha consumido ya cinco meses largos de legislatura. Ganó las elecciones, no consiguió mayoría absoluta pero ha gestionado como si la tuviera. Todos los análisis post electorales auguraban un entendimiento obligado con los nacionalistas debido a la complicada aritmética parlamentaria. Zapatero no lo entendió así y salió presidente en segunda vuelta, para mostrar que no tenía ataduras con nadie. Un presidente autosuficiente. Pero los números son los números. LA HERENCIA DE LA PRESIÓN DEL PP El presidente español ha ninguneado a los partidos nacionalistas y ha empleado mano dura con ellos. Es verdad que tiene la sartén por el mango, pero para cocinar un plato hace falta algo más que la sartén: fuego, aceite... Quizá temeroso de la presión del PP durante los cuatro años anteriores, Zapatero encaró el futuro jurando que a duro no iba a ganarle nadie. El PNV le pidió que se sentara a buscar un acuerdo político beneficioso para todos. El líder socialista sólo tuvo una palabra: no. Y un deseo: sentarse con el próximo lehendakari a dialogar. Se refería a Patxi López, claro. Los seis diputados del partido abertzale tampoco le aseguran nada matemáticamente, algo que la formación jeltzale suele matizar aludiendo a su innegable capacidad de influencia y arrastre en otros grupos del Congreso. Con el voto de NaBai, por ejemplo, sí darían las cuentas. Los vientos de Zapatero con los jeltzales han traído aguaceros en forma de votos contrarios a las iniciativas del Gobierno socialista. Iñigo Urkullu ha mostrado la disposición de su partido a escuchar y a dialogar esas cuentas. Para ello incluso se ha ofrecido a desligar la negociación de los Presupuestos de 2009 del rechazo frontal del PSOE a la consulta. Eso sí, siempre que los ciudadanos vascos salgan beneficiados de esa mesa. Si no, el no del PNV a las cuentas será rotundo. La formación de Urkullu tiene muy fácil la labor de oposición en el Congreso, donde denuncia el "flagrante incumplimiento" del Estado en algunas materias como las transferencias del Estatuto o en la respuesta a las iniciativas del Gobierno Vasco. Según ha podido saber este periódico, PSOE y PNV han mantenido ya una serie de reuniones exploratorias, tan discretas como superficiales aún. Encima de la mesa descansan proyectos que ambas partes consideran que deben estar, como el centro de espalación de neutrones u otras instalaciones punteras en biofarmacéutica o automóviles. Por ahora, se ha desbrozado la parte política del apoyo a esos presupuestos, la más compleja. LA FE CIEGA DEL PSE Paradójicamente, unos socialistas, los vascos, pueden dificultar el acuerdo de otros socialistas, los del Gobierno español, con el PNV. La fe ciega que Patxi López y el PSE tienen en poder desbancar a los nacionalistas del Ejecutivo vasco pone las cosas difíciles a Zapatero. Todas las mejoras para Euskadi que consiga el PNV, bien vendidas al electorado, pueden traducirse en votos en las próximas elecciones vascas en 2009, a la vuelta de la esquina. El protagonismo jeltzale deja en evidencia la supeditación del PSE-EE a Ferraz. Esa dinámica ya ha provocado situaciones controvertidas con los socialistas navarros y los catalanes, que se han visto obligados a cerrar filas en torno a Zapatero para garantizar su elección votando en ocasiones en contra del criterio de sus votantes. En esta ocasión al presidente español le vendría de perlas el compromiso del PNV para una legislatura estable. Así pues, la capacidad de influencia de los nacionalistas todavía es notable en Madrid. Zapatero deberá elegir entre la estabilidad de todo un Gobierno español o mantener a López entre algodones en la carrera hacia la Lehendakaritza. Fuentes consultadas por este diario no entienden la actitud de Zapatero de gobernar como si tuviera mayoría sin necesidad de negociar con nadie, sobre todo porque resulta evidente que tarde o temprano deberá llegar a acuerdos parlamentarios con otros grupos. Esa postura, probablemente, sólo habrá conseguido encarecer el precio de los apoyos que busque. "Parece que el Gobierno se dedica a sobrevivir, a superar el corto plazo, el día a día, pero la legislatura es larga y ellos solos no van a poder con ella", valora un diputado vasco. Y si el frente vasco lo tiene complicado, qué decir del catalán. Curiosamente, Zapatero cimentó su triunfo de las pasadas generales en ambas comunidades. El resto de España sigue siendo del PP, a tenor de los últimos resultados. Cataluña es un doloroso grano para el presidente. Basta decir que los socialistas catalanes plantearon hace nada la posibilidad de votar en contra de los presupuestos del gran jefe. Ejemplo más ilustrativo, imposible. La capacidad de que el PSC presione a sus socios de Gobern es muy limitada, porque el tripartito catalán cada vez está más débil. El PSOE consiguió engañar a ICV con la promesa de tener lista antes de tres meses una solución a la financiación, pero rascar un apoyo en tierras catalanas no será tan fácil; le costará muy caro. CiU tiene muy presente el desplante del Estatut y de la promesa rota de Zapatero a Artur Mas. APOYOS Los partidos más proclives a apoyar al Gobierno central son los que comparten responsabilidades en alguna autonomía. No por convencimiento, sino por presión de los socialistas locales. Pórtate bien que algo caerá. En Galicia, el BNG ya ha dicho que le gustaría echar una mano a Zapatero siempre que aparte 80 millones para la comunidad e introduzca algunos cambios en la LOREG. Pero la capacidad de presión del PSG, en teoría, disminuirá en unos meses. Emilio Pérez Touriño medita celebrar las próximas autonómicas en octubre o noviembre. Los nacionalistas gallegos querrán mostrar perfil propio. Por lo registrado en las últimas votaciones, ni Coalición Canaria parece dispuesta a arrimar el hombro. "Zapatero tiene que hacer una reflexión muy seria y empezar a encarrilar la legislatura. A día de hoy no tiene garantizado ningún apoyo", señalan las mismas fuentes. Zapatero ha fiado su talante a lograr pactos de Estado con el PP. Por ahora parece su socio prioritario. A la formación de Rajoy no le viene mal: le ha permitido bajarse de motos muy peligrosas, como la presión al Gobierno con el terrorismo, y le ha permitido insinuar cierto perfil pactista, todo un cambio de imagen. Pero de ahí a pensar que el principal partido de la oposición va a hacer cómoda la legislatura del Gobierno media un abismo. El PP hará todo lo que pueda para conseguir su objetivo, que no es otro que ocupar el sitio del PSOE en el Congreso. Lo último es que el PSOE recurriera a los populares para sacar adelante los presupuestos. Texto tomado del Periódico"Noticias de Álava"
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