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"Y al séptimo día, descansó. Dios", y también Vitoria. Tras la subida de Celedón, en menos de 24 horas, donde antes hubo fiesta ahora se impone la ley de la paz, a veces la del silencio. Donde antes lo normal era tropezarse, ahora lo único posible es que uno escuche sus propios pasos. A la capital alavesa le ha llegado la resaca, ay, y todo indica que su nuevo estado de desgracia puede durar tanto como el mes de agosto. Sobre todo porque una buena porción del sector de la hostelería se coge vacaciones, ajena a los ciudadanos que afrontan la crisis quedándose en casa y a los turistas que vienen a conocernos billetera en mano. El día de ayer fue la mejor prueba de la que se avecina: una Gasteiz transmutada en un solitario pueblo del far west con unos cuantos forasteros despistados en busca de un bar donde saciar su hambre y su sed. Como manda ya la tradición, Vitoria se desperezó tras el último día de fiestas tarde y a medio gas. Prácticamente sin tráfico en las calles más frenéticas, como Francia, Avenida o Portal de Arriaga; y prácticamente sin paseantes en el Ensanche. La mayoría de los vitorianos o se había marchado ya de vacaciones o dormía la mona o estaba a sus quehaceres en casa. Así que en ese estado de letargo, se hicieron notar más que nunca los de la mirada de la primera vez, ésos que podrían dar de comer a la ciudad más de lo que la ciudad se deja. ¿Que por qué? Los turistas entrevistados por este periódico lamentaron que hubiera "pocos establecimientos abiertos". Un paseo por el centro nos permitió constatar que al menos una tercera parte de los bares y restaurantes tuvo la persiana echada y que otros tantos anuncian hacerlo ya mismo. "Según la guía, ésta es la calle principal y hay cuatro terrazas. No nos queréis mucho por aquí", ironizaba en pleno Dato Julián González, un asturiano de buen comer que había llegado justo un día antes a Vitoria con su mujer. Los dos estaban estupefactos con la transmutación. "Tras las fiestas cualquier ciudad descansa, pero siendo domingo y habiendo turistas tanta tranquilidad llama la atención". Y eso que en esa arteria sólo habían cerrado dos bares. En la Plaza Nueva, estaban de descanso tres, el Izartza, el Baztertxo y el Plaza. Y en la Virgen Blanca, el Virgen Blanca, el Marañón y el Dublín. El resto de locales sí habían sacado sus terrazas y, a la hora del vermú, estaban más que medio llenas. Peor es lo de los barrios próximos al centro. Tom Cruise las pasaría canutas para encontrar un local en funcionamiento. En la Avenida, sólo operaba el Berlín. Y su dueño estaba muy contento. "Hemos abierto por primera vez en diez años y por la mañana hemos trabajo mucho y bien, mejor de lo esperado.". ¿Pero a qué ha venido esa decisión? "Hemos querido apoyar al Consistorio, que se lamenta de que la gente viene y lo ve todo cerrado", explicó Irineo, quien criticó a los compañeros del gremio que se largan de vacaciones ahora. "En Cancún siempre hace calor y en Canarias un clima cálido. ¿Por qué no se van en enero? El hostelero debe ser hostelero y trabajar cuando toca. Lo que pasa es que aquí hay muy poco profesional. ¿Pero no ven que si se quedan hacen el agosto?". Pues parece que no. Imágenes y textos extraidos del periódico online:www.noticiasdealava.com
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