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La nueva tarifa eléctirca asfixia a la industria. Las empresas denuncian el impacto negativo en su competitividad y alertan del riesgo de deslocalización. La desaparición de la tarifa eléctrica de alta tensión este pasado 1 de julio ha propinado una sonada bofetada a la industria vasca. El nuevo sistema para calcular la factura conlleva un incremento medio del 30% en el importe mensual para las instalaciones de mediano consumo. Para los sectores intensivos en el uso de energía eléctrica -siderurgia, cementeras y otras-, la subida alcanza niveles alarmantes: un 70% como término medio con puntas de hasta el 100%. El final de la tarifa general de alta tensión ha representado un enorme varapalo a la competitividad de las empresas, según todos los medios empresariales consultados por este periódico. El gasto eléctrico ocupaba hasta ahora una posición secundaria en la agenda de preocupaciones de la industria de pequeño y mediano tamaño. Al fin y al cabo, era un elemento eclipsado por los costes laborales y el encarecimiento de la materia prima y el transporte. El nuevo escenario surge como fruto el último paso dado por el Gobierno español para liberalizar el sector energético. La tarifa especial para la industria debería haber desaparecido el 1 de julio de 2007, de acuerdo con el calendario establecido por Bruselas. La reforma se ha demorado un año y ha puesto patas arriba el esquema de consumo y facturación que se venía aplicando hasta ahora. El precio de la electricidad ha dejado de ser barato para los clientes con mayor demanda y, por si fuera poco, se han eliminado las principales condiciones de ahorro. La más importante es el descuento por consumo en las llamadas horas valle . Es decir, en horario nocturno y los fines de semana. Tener las máquinas funcionando a todo tren en esas franjas podía representar una rebaja de aproximadamente el 25%. Con la nueva tarifa, el día deja de estar dividido en tres tramos tarifarios de ocho horas y pasa a seis tramos de cuatro horas. El precio más barato se aplica a sólo uno de los segmentos de la noche (4 horas), mientras que con la anterior norma era posible ahorrar durante todo el horario nocturno (desde las 22 horas hasta las 6 de la mañana, ocho horas). Para muchas fábricas, este cambio resulta traumático. A lo largo de las últimas décadas de vigencia de la tarifa regulada, habían organizado su sistema de producción en función de las ventajas de la electricidad nocturnas. Este método de trabajo estaba consagrado por el tiempo y la costumbre, y se reflejaba en los convenios colectivos, que recogen cuantiosos pluses para los trabajadores que cubren el último relevo. De repente, la noche se ha convertido en un horario menos rentable, porque incrementa el coste laboral (por los complementos salariales) y el ahorro energético se ha reducido a la mínima expresión. El caso del fabricante de tubos de acero inoxidable Tubacex es ilustrativo. En sus plantas de Llodio y Amurrio, la plantilla sólo cubre los turnos de mañana y noche, de lunes a domingo. Un portavoz de la firma indicó que no descarta realizar un reajuste horario si los estudios concluyen que ayudaría a ahorrar. INVERSIONES EN EL AIRE Tubacex funciona con hornos eléctricos y también emplea gas en sus procesos. "El horno eléctrico es la máquina que más energía consume en el mundo", expone el director técnico de una acería guipuzcoana. Tubacex forma parte del grupo de grandes consumidores en el Estado, colectivo al que también pertenecen firmas vascas como Aceros Inoxidables Olarra, ArcelorMittal, Fagor Ederlan, Alcoa, Sidenor, Tubos Reunidos y Cementos Lemona, entre otras. Pese a ello, la empresa alavesa de tubos tiene la ventaja de que "el coste eléctrico sólo supone el 3% o el 4% de nuestros costes operativos", señala un responsable, que agrega que su mayor inquietud es la materia prima, que se lleva hasta el 65% de su gasto. ArcelorMittal es una de las compañías más perjudicadas por la nueva tarifa. Gonzalo Urquijo, único español en la dirección de la multinacional, ha sido el empresario más explícito del sector en sus advertencias al Gobierno. "El precio de la electricidad puede poner en peligro las futuras inversiones en España, porque tenemos en estos momentos un coste que se sitúa entre los más altos de Europa y eso nos puede impedir ser competitivos", afirmó recientemente. La multinacional calcula que la tarifa ha tenido un impacto superior al 75% en sus factorías españolas. Con esta advertencia, Urquijo llamó la atención sobre el riesgo más severo que entraña el nuevo marco eléctrico: la deslocalización. En la principal planta de ArcelorMittal en Euskadi, la Acería Compacta de Bizkaia (que funde la chatarra mediante hornos eléctricos), la factura ha engordado cinco millones de euros sumando julio y agosto. La ACB tiene pendiente una inversión para aumentar su producción de bobinas laminadas hasta dos millones de toneladas al año. A una empresa con 320.000 empleados y centros en más de 60 países no le costaría nada aplazar este proyecto y desviarlo, por ejemplo, a Francia, donde la energía industrial es hasta un 50% más barata. Texto tomado del Periódico"Noticia de Álava"
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