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Euskadi cuenta con 1.400 plazas en 18 residencias para animales de compañía. Durante el verano es preciso reservar con antelación ante la gran demanda existente. Con la llegada del verano y las vacaciones, los propietarios de mascotas, especialmente si son perros, se encuentran con un problema. El animal necesita salir a la calle varias veces al día y precisa ser alimentado, y no siempre hay un familiar o un amigo a mano para hacerse cargo de su cuidado mientras el dueño se encuentra ausente. Por ello, la demanda de plazas en residencias especiales para perros no hace sino crecer cada año. En Euskadi hay alrededor de 1.400 plazas en dieciocho centros repartidos en los tres territorios históricos, unas instalaciones en las que los canes reciben todos los cuidados que necesitan, cuentan con asistencia veterinaria y se relacionan con otros animales. Seis de estos centros se encuentran en Álava, cinco en Gipuzkoa y siete en Bizkaia, y su capacidad varía desde unas pocas decenas de plazas a las más de 200 existentes en las residencias más grandes. En la página web del Departamento de Agricultura y Pesca del Gobierno Vasco se detallan las direcciones y teléfonos de las instalaciones existentes en el conjunto de Euskadi. La mayoría de ellas admiten también gatos y algunas, como Txakur Bai, de Meñaka, todo tipo de animales. Es habitual que exista un servicio veterinario propio, los paseos diarios son norma común, y lo más habitual es que los cheniles, las casetas en las que se alojan los animales, sean individuales. En algunos casos, como ocurre en Edercan, en Araka, los perros cuentan con música y calefacción. La Casa del Perro es una de las residencias de animales más grandes de Euskadi, con 240 plazas, 90 de ellas estacionales. Este centro, ubicado en Sopelana, trabaja con varios ayuntamientos y alberga tanto a perros abandonados en la calle como a mascotas cuyos dueños se marchan de vacaciones. Su director técnico, Javier Pérez, explica que tanto La Casa del Perro como los demás centros se encuentran en estas fechas con un exceso de demanda tal que es necesario reservar plaza con antelación y, por supuesto, cumplir una serie de requisitos imprescindibles. "Exigimos que tengan el microchip, que estén vacunados, para su propia protección, y en los perros potencialmente peligrosos, el propietario debe aportar la licencia correspondiente", apunta. Al animal que ingresa en el centro, por unos diez o quince días de media, se le hace una ficha con sus necesidades alimentarias, su carácter y relación con otros perros y con los seres humanos, y aquellos otros datos que el propietario considere oportunos, como puede ser una medicación concreta. Esa ficha se entrega al cuidador específico de cada animal, que en la medida de lo posible, se alojará en el centro junto a otro perro de distinto sexo, "siempre que no estén en celo". En La Casa del Perro, los animales se alojan en habitáculos de alrededor de doce metros cuadrados, con un patio y una zona interior, y cuentan además con diez áreas de esparcimiento, "donde se les saca dos o tres veces al día, pues es muy importante para su estado psicológico", señala Pérez. En el caso concreto de La Casa del Perro, se ofrece la opción de recoger y entregar al animal en el domicilio, y en estancias de más de tres días el animal vuelve a casa desparasitado. Más sensibilidad El auge de este tipo de servicios no se debe únicamente a la imposibilidad de llevar al animal de compañía de vacaciones, sino a una cuestión de sensibilidad. El saber que estará perfectamente cuidado supone una garantía de tranquilidad para los propietarios, que cada vez más ven a las mascotas como un miembro de la familia. "La concepción del animal de compañía ha cambiado mucho. Nosotros llevamos veinticinco años en el mercado y vemos que el vínculo con el perro no es el mismo. Antes era un animal de utilidad, y ahora es un animal puramente de compañía. Hay más atención y cuidados hacia él, y también se nos exige más", explica Javier Pérez. Texto y Foto tomado del Periódico"Noticias de Álava".
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