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Errores que matan. El conjunto albiazul olvida la seguridad atrás que le había hecho fuerte y cosecha su primera derrota. Cometer pocos errores y aprovechar las escasas oportunidades que se presenten. Con este particular vademécum inician la temporada todos los equipos de la Segunda División. De su efectividad a la hora de aplicarlo depende que una temporada acabe en éxito o fracaso. Anoche, en el futbolín vallecano, el Alavés convirtió en gol uno de sus dos tiros a puerta. El otro se fue al palo. Al final, derrota. Esta vez sí que aparecieron los errores en la zona defensiva. En ningún momento fueron los albiazules capaces de taponar al Rayo y frenar ese juego de balones al área que tanto provecho les da en el Teresa Rivero. La apuesta por el toque le duró al Alavés poco más de diez minutos. Unos primeros compases de buenas combinaciones y rápidas recuperaciones permitieron vislumbrar de nuevo esa idea que Salmerón tiene entre ceja y ceja. Por desgracia, Vallecas no es un buen sitio para el fútbol de fino toque. De eso sabe bastante un Rayo al que no le costó encontrar la vía de agua albiazul. A base de colgar balones al área, los de Pepe Mel se encontraron con un regalo inesperado y que empieza a preocupar un poco por repetitivo. Bernardo volvió a sufrir mucho por alto. Siempre seguro bajo palo, al meta albiazul le cuesta imponerse en el juego aéreo. Para colmo de males, el infortunio se puso en su contra anoche. Corría el minuto 26 cuando el Rayo colgó su enésimo balón al área. Desde la derecha, siempre percutiendo por medio de Albiol. Tropezón de Berni y el balón que llega al otro extremo. No lo duda Jofre. Sin portero, un tiro rápido. No tuvo la suerte que sí se encontró Míchel, quien, como pudo y desde el suelo, fue capaz de meter la pierna para que el esférico se colase mansamente en la meta vitoriana. Así, con toda la mala suerte del mundo, se ponía punto final a la imbatibilidad de la meta albiazul en el torneo liguero. 206 minutos sin sacar un balón de las mallas propias es una cifra a tener en cuenta y, de repetirse, esta virud puede dar muchas alegrías en el futuro. El problema del fútbol, y principalmente el de este equipo, es que el terreno de juego tiene dos mitades y de medio campo hacia adelante al Alavés todavía cabe exigirle mucho más. La desaparición de Emilio Sánchez, cabeza pensante de este equipo, volvió a pagarse cara. De sus botas suele salir el mejor fútbol albiazul, pero cuando le toca una noche oscura todo el juego se resiente en exceso. Huérfano de creatividad, los chispazos de Toni Moral fueron la única tabla de salvación. De sus botas nació la mejor oportunidad que acabó estrellada en la base del palo de Cobeño tras un magistral remate de Javi Guerra que parecía colarse. Estaba claro que no era una noche para ir a jugar a la ruleta. La suerte estaba con los franjirrojos. Un mal despeje de César Caneda que casi se cuela en la meta albiazul fue la prueba de ello. oportunidad perdida No cambiaron demasiado las cosas en la segunda mitad hasta que Salmerón se fue de nuevo a por el partido con las entradas de Cuevas e Igor. Tuvo que ser el joven vitoriano, otra vez, el que metiera a su equipo en el partido a base de tesón y garra. Una pelea por un balón perdido finalizó con el tanto del empate por parte de un Javi Guerra al que en dos partidos ya le ha dado tiempo a demostrar su calidad en los últimos metros, una cualidad de la que el Alavés anda escaso. Pese a este empate, estaba visto que la noche no iba a acabar bien. Cuando mejor estaban las cosas, otro error. Una falta mal hecha. Un control sin oposición de Coke en el área y un centro para que Diamé rematase a placer. El mejor del partido culminaba con este tanto la victoria vallecana que les sitúa en la zona noble de la tabla. Mientras, el Alavés tendrá que seguir trabajando duro para mejorar en los detalles que cuestan partidos. Solitario como un islote y muy desasistido durante los noventa minutos, el Alavés pudo sacar la cabeza a flote gracias a su calidad. En la primera parte le dio al palo, pero en la segunda atinó con la portería. Una pena que no valiese de nada su primer tanto como alavesista.
l Endeblez en la puerta. La inseguridad de Bernardo para atajar los centros al área del Rayo generó una gran sensación de inseguridad que se vio culminada con el primer tanto vallecano. A partir de ahí, la defensa flaqueó mucho.
l Poco fútbol. La poca entrada en juego de Emilio Sánchez, Moreno y Toni Moral provocó un cortocircuito. A Javi Guerra le llegaron muy pocos balones y sólo la salida de Igor y Cuevas al campo le dio un nuevo brío al equipo. Texto tomado Periódico"Noticias de Álava"
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