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El más grande entre los grandes, su próximo reto llegará en los 200 estilos. Phelps gana dos nuevos oros y, con once, es ya el olímpico más laureado. Mientras el más común de los mortales escucha el molesto sonido del despertador y se despereza sentado en la cama, Michael Phelps se tira a la piscina, nada los 400 estilos, gana el oro y rompe el récord del mundo dejándolo en 4:03,84. Mientras se prepara un café con leche y lo calienta en el microondas, Michael Phelps se tira a la piscina, nada en los 4x100 libre, gana el oro y rompe el récord del mundo dejándolo en 3:08,24. Mientras se refresca la cara para que las legañas pasen a la historia, Michael Phelps se tira a la piscina, nada los 200 libre, gana el oro y rompe el récord del mundo dejándolo en 1:42,96. Mientras da buena cuenta del desayuno, Michael Phelps se tira a la piscina, nada los 200 mariposa, gana el oro y rompe el récord del mundo dejándolo en 1:52,03. Mientras toma una ducha rápida, Michael Phelps se tira a la piscina, nada en los 4x200 libre, gana el oro y rompe el récord del mundo dejándolo en 6:58,56. Para Michael Phelps competir, tocar antes que nadie la última pared de la piscina, mirar a los monitores para comprobar la dentellada que le ha dado al mejor registro de la historia, saludar al público, retirarse a vestuarios y volver a escena para recibir la cerrada ovación de los aficionados desde lo más alto del podio es como para el resto de la humanidad respirar, comer, tomarse una cerveza o dormir. Una rutina. Nada del otro mundo. El nadador de Baltimore es un depredador. Siempre lo ha sido, desde que a los 15 años apareciera en escena en Sydney 00. Aún era pronto para él. Eran tiempos en los que la supremacía olímpica correspondía a Ian Thorpe y Pieter van den Hoogenband. Su momento llegó en Atenas 04. No pudo igualar los siete oros de su compatriota Mark Spitz en Múnich 72, pero salió con seis preseas doradas y dos bronces colgados del cuello. En Pekín lleva ya cinco metales dorados, los dos últimos conquistados en la madrugada del miércoles. El estadounidense ya es el más grande entre los grandes. Así lo constatan sus once medallas de oro en los Juegos Olímpicos. Nadie ha llegado nunca a su altura. Las nueve que ostentaban hasta ahora los cuatro magníficos (Paavo Nurmi, Larissa Latynina, Mark Spitz y Carl Lewis) son ya historia. Este tiburón blanco de Baltimore las ha dejado en un segundo plano. Y todo apunta a que lo mejor de todo está todavía por llegar. A Phelps le quedan todavía tres objetivos para seguir agrandando su leyenda y batir el muro que tiene entre ceja y ceja desde hace cinco años: lograr ocho oros en unos mismos Juegos, uno más que Spitz. Por el momento sigue nadando por la senda correcta. Las dos finales de la madrugada del miércoles se presuponían sencillas para él. Dos paseos militares. Una, la del 4x200 libre, lo fue. La otra, la de 200 mariposa, su gran especialidad, no tanto. Y no fue porque sus rivales le apretaran en exceso, sino, increíble, por un problema con sus gafas. Hasta a los dioses pueden afectarles los problemas mundanos. Desde los primeros compases de la prueba quedó claro que algo no iba bien. Phelps no abría su acostumbrado hueco con respecto a sus perseguidores. ¿Estaba siendo víctima de su apretadísimo programa? ¿Iba el cansancio a frenar su extraordinario rendimiento? ¿Acaso se estaba reservando para la prueba de relevos? Como acostumbra, por rutina, el de Baltimore fue el primero en tocar la última pared en la piscina y sumó otro nuevo récord mundial a su currículum. Rápidamente se pudo empezar a sospechar lo que le había ocurrido, pues se quitó las gafas con gran celeridad y empezó a frotarse los ojos con inusitada virulencia. Nada más abandonar el Cubo de Agua confirmó lo acontecido. "No pude ver nada en los 100 metros finales, mis gafas se habían llenado de agua. La situación se fue haciendo más y más difícil a medida que avanzaba la carrera y, para ser honesto, tenía problemas para ver las paredes. Tenía que concentrarme en el número de brazadas que llevaba en cada largo para ubicarme. Pero está bien, quería quebrar el récord, bajar de 1:51 o más, pero dadas las circunstancias supongo que no está tan mal", aseguró. Pero lo del genio de Baltimore es de otro planeta e incluso en esas circunstancias rebajó la plusmarca de todos los tiempos. Paró el reloj en 1:52,03 cuando tenía un registro de 1:52,09 desde los Mundiales de Melbourne en 2007. El húngaro Laszlo Cseh fue medallista de plata, con un tiempo de 1:52,70 y rebajó su propia mejor marca europea, mientras que el japonés Takeshi Matsusa tuvo que conformarse con el tercer metal con 1:52.97. Exhibición en los relevos Donde sí que se divirtió Phelps fue en el 4x200 libre. El gran campeón norteamericano hizo la primera posta ya en tiempo de récord del mundo y, con 1:43,31, distanció a todos sus rivales en más de dos segundos. Salió de la piscina con la mitad del récord y de la medalla debajo del brazo y Ryan Lochte nadó con comodidad para marcar 1:44,28, mientras que Grant Hackett mantenía la segunda plaza para Australia. Ricky Berens cumplió la tercera posta para Estados Unidos, con Canadá e Italia ganando posiciones y Rusia, Australia y Gran Bretaña perdiéndolas. La lucha por la plata era lo más interesante con cinco equipos juntos. Peter Vanderkaay completó la faena para los americanos con 1:44,68 para registrar 6:58,56 por el anterior récord mundial de 7:03,24 de los propios estadounidenses. El de Baltimore tenía ya su decimoprimer oro colgado del cuello y amenaza con ganar otros tres. Si ya es el más grande entre los grandes, ¿cómo se le podrá calificar si completa su reto? Antes de que dieran comienzo los Juegos Olímpicos, la página web de ESPN estableció un ranking de dificultad para las ocho pruebas en las que Michael Phelps aspiraba a la medalla de oro. Según la publicación estadounidense, su reto más fácil estaba en los 200 mariposa y el más complicado, en el relevo 4x100. Ambos han sido superados por el nadador de Baltimore. De las tres finales que le quedan, la primera será la de 200 estilos, la tercera más complicada, los 100 mariposa, la segunda, y el relevo 4x100 estilos, la cuarta. Vamos, que al estadounidense todavía le queda trabajo por hacer en el Cubo de Agua de Pekín. Su siguiente objetivo será la final de 200 estilos, que se celebrará a las 4.45 horas de la madrugada de mañana y donde tendrá como gran rival a batir a su íntimo amigo Ryan Lochte. Phelps ha hecho gala de un gran dominio de esta prueba en los últimos años, pero el desgaste físico puede pasarle factura ante un Lochte que tiene muchas ganas de sumar un oro olímpico en esta disciplina. De todas maneras, Phelps ya se impuso en los Juegos Olímpicos de Atenas hace cuatro años, instaurando un nuevo récord olímpico (1:57,14) y además es el poseedor de la mejor plusmarca de todos los tiempos (1:54,80). Después de haber nadado sus últimas dos finales, el de Baltimore entró en las semifinales de los 200 estilos con el sexto mejor tiempo, 1:58,65, mientras que su compañero y amigo Ryan Lochte se clasificó con el mejor, 1:58,15. A catorce centésimas del nadador de New York paró el crono el húngaro Laszlo Cseh, segundo del total de las series con 1:58,29, y a 26 lo hizo el brasileño Thiago Pereira, tercero con 1:58,41. El japonés Ken Takakuwa fue cuarto en la serie del magiar, una posición por delante del estadounidense Bradley Ally, quinto con 1:58,57, por delante de la gran estrella estadounidense, que buscará en esta especialidad la sexta medalla de oro de su cuenta particular. Texto y Foto Tomado del Perriódico" Diario Noticias de Álava".
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