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"Estoy un poco nerviosa; tengo ganas de ver a los amigos pero no de hacer deberes". Sonrisas y lágrimasse alternan en el primer día de clase. Ring, ring. El despertador suena martilleante en miles de casas alavesas. Es momento de levantarse para llevar a los niños a la escuela de nuevo. Para algunos será momento de sonrisas, para otros de lágrimas. Y padres y profesores ya lo tienen asumido como tal. Es la rutina de cada año. La vuelta al cole, a los horarios, la rutina y también la posibilidad de organizarse para unos progenitores que han tenido que tirar de familia y permisos laborales para poder afrontar tantos días de asueto estival de sus criaturas. En los patios de los colegios se observan los contrastes naturales de las diferencias de edad. Los chavales de Primaria de Ibaiondo corren desbocados por el patio en busca de sus amigos dejando atrás a unos padres que suspiran aliviados por la vuelta a la cotidianidad, mientras que algunos pequeños lloran. "¡Ya estoy aquí!", grita Julen a sus compañeros nada más llegar. Iria, de seis años, también está ilusionada con volver al cole "porque cambia de andereño y de ciclo y tienen curiosidad", afirma su madre, Estíbaliz Carreño. Pero la niña lo tiene claro. "Estoy un poco nerviosa, aunque tengo ganas de ver a los amigos. Lo que no quiero es hacer los deberes", advierte entre desafiante y contenta. cuesta de septiembre No demasiado lejos de ella, Blanca Estévez vigilaba a su hijo también de primer curso de Primaria, mientras sufría los últimos coletazos del madrugón. "A mí el despertador me ha hecho pupa", admitía sonriente. Claro que no tanto como el gasto que supone para los bolsillos familiares el inicio del curso escolar. "Con el programa del Gobierno Vasco se hace más sencillo pero, aun así, es peor la cuesta de septiembre que la de enero", afirmaba. Ajeno a estos problemas, su hijo Aitor se mostraba encantado con el reencuentro. "Quería que llegara hoy -por ayer- para ver a mis compañeros, pasarlo bien y contar las vacaciones", afirmaba alegre. En el patio de los pequeños las cosas no parecía tan idílicas. En ocasiones no se sabe si los que sufren más son los padres, angustiados en los pasillos ante los primeros momentos de separación de sus retoños, o los niños, algo desorientados en lo que supone la novedad del colegio, la profesora y otros niños con los que compartir los juguetes. Los hay que se arrastran hasta la puerta y los que se convierten en una bufanda atada al cuello de su madre. Y, por supuesto, los que simplemente lloran. "La niña está nerviosa y el pequeño lo lleva mal. Decía que se quedaba viendo la televisión. Llora todos los años", comentaba Ainhoa Elorza con sus hijos Yagoba, de tres años, y Nagore, de ocho, al lado. Otros, sin embargo, están ansiosos. "Está contenta. Desde junio me pregunta cuándo vamos al cole, qué juguetes habrá", afirma Nardjes Akrouf, madre de Imen Bahi, que empezaba el cole ayer con dos años. Merche tampoco había tenido problemas para llevarlos. "Yeray y Zuriñe tienen ganas. Al final dan la turra de volver al cole porque ellos también están aburridos", reconocía. La primera prueba ya está superada. Texto y Foto tomado del Periódico"Noticias de Alava"
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